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Los mejores discos de metal de 2017



 Aquí están nuestros favoritos de 2017. Son solamente ocho, porque pese a lo que digan todos los medios grandes, este ha sido un año más flojo y la cosecha es a todas luces peor, y un servidor lo dice con conocimiento de causa, porque es el año en que más novedades ha escuchado hasta la fecha. La mitad son de death metal, que desde hace ya muchos años suele estar en mejor forma que el black, un terreno en el que las modas y el comercialismo suelen hacer más estragos de un tiempo a esta parte.

 Muchos de ellos no serán una sorpresa para quienes lean nuestras reseñas y sigan nuestros programas, pero nos parece interesante hacer un breve resumen global por escrito para quien desee consultarlo. Como en anteriores ocasiones, aquí no hacemos jerarquías ni damos puntuaciones, ya que eso carece de sentido más allá de los intereses comerciales y el ansia de protagonismo de quien confecciona el listado. Todo lo destacado bajo estas líneas merece la pena, y un comentario sincero y fundamentado es lo único realmente relevante que podemos y queremos ofrecer a los lectores.

 Además de los ocho discos elegidos (nueve incluyendo la mención especial), hemos añadido otros nueve que no están al mismo nivel, pero por una u otra razón merecen ser escuchados y tenidos en cuenta, aunque sea como ejemplo de lo que podría haber sido mejor y no lo fue. Esta lista es un humilde compendio de todo lo que hemos oído este año y nos ha parecido destacable, y esperamos que pueda seguir resultando de interés más allá de los tres días que sigan a su publicación, como suele ocurrir con este tipo de recopilaciones.


Discos destacados de 2017


     

 Azarath - In Extremis (Agonia) 

 Los más críticos señalarán sin duda que este disco no aporta nada nuevo, y razón no les faltará, porque en esencia se trata de la misma fórmula empleada por Vader en sus primeros tiempos. Lo interesante del asunto es que, más que copiar, aquí se lleva a Vader al extremo, tanto en términos de sonido y producción como de organización y estilo. Azarath es el grupo de Inferno, el batería de Behemoth, que en lugar de dejarse llevar por las veleidades del rock metalizado de masas se ciñe en este caso a un formato más canónico. La instrumentación es espectacular, en particular la percusión, pero el esfuerzo sería superfluo si no estuviera respaldado por una sólida composición, que garantiza para cada canción un ritmo y un aliento propios. Pese a sus manifiestas limitaciones artísticas, este es un álbum impresionante que transmite energía y poder a raudales.


     

 Blood - Inferno (Autoeditado) 

 Las expectativas eran muy altas después de que este grupo alemán de grind/death anunciara nuevo disco tras 14 años sin publicar material original. Como en las anteriores ocasiones, siempre muy escasas, en que una formación clásica ha conseguido marcarse un nuevo título excepcional, este álbum logra una fusión acertada de las antiguas fórmulas con un nuevo ímpetu y mejor producción, alternando versiones de temas viejos y otros nuevos en un todo coherente, centrado y pertinente a un tiempo. El salvaje grindcore con estructuración death metal e influencias del metal más oscuro con temática satánico-mitológica, que distinguió a los veteranos de Espira dentro de un terreno prácticamente acaparado por Napalm Death y su enfoque político-social, vuelve a brillar aquí con esplendor renovado, sin un miligramo de relleno. A diferencia de lo que otros han señalado, este cronista ve aquí una recapitulación sabia y ponderada de un estilo antiguo antes que una puerta a un futuro fructífero, pero lo que sí suscribe sin matices es que se trata de un disco fabuloso que pone en valor el legado del grupo con un aire moderno y depurado.


     

 Cromlech - Iron Guard EP (Autoeditado) 

 Este EP escueto pero robusto nos llega desde Toronto, de la mano de un joven grupo canadiense que ha sabido destilar en un formato reducido los aciertos de su primer y único larga duración, que presentaba puntos interesantes pero excesivamente diluidos. Con sólo dos canciones largas, rebosantes de contenido, consiguen agrupar una profundidad y riqueza de elementos pocas veces vistas, especialmente en un género tan trillado como es el heavy metal ochentero. A caballo entre Candlemass y Reverend Bizarre, su estilo heavy/doom conjuga fuerza y epicidad, enlazando las distintas secciones con naturalidad y dinamismo, y construyendo la tensión de la manera más compleja pero eficaz, es decir, mediante secuencias lógicas que llevan de forma lenta pero segura hasta una conclusión decisiva. Lo especial aquí es que la hondura épica se expresa a través de la música, no exclusivamente por medio de la temática escogida, como hacen tantos otros grupos mucho más anodinos y triviales dentro del mismo género. Cromlech saca nueva vida del cuerpo moribundo del metal más clásico, y esa es una hazaña que merece respeto y admiración.


     

 Desecresy - The Mortal Horizon (Xtreem Music) 

 Aquí está la nueva entrega de uno de los grupos más destacados dentro del death metal contemporáneo, los helsinguinos Desecresy, que se han abierto camino con su original fórmula melódico-ambiental basada en Bolt Thrower, con influencias finlandesas y suecas y una vocación atmosférica de misterio y desolación. En realidad ahora es preciso hablar en singular, porque tras la partida del anterior vocalista la formación ha pasado a ser un proyecto en solitario, razón por la cual este nuevo disco es bastante distinto a los anteriores, adoptando un sonido más áspero y sombrío con un enfoque más minimalista y frío si cabe, y expresando las mismas ideas con ayuda de recursos más reducidos. La percusión es más machacona y simple, la mezcla de las guitarras más oscura y las voces son meros gruñidos, pero lo fundamental es que las canciones son todavía más sucintas y compactas, más centradas en cierto modo, sin dejar de encerrar las melodías inquietantes y perturbadoras que desde el principio han sido la marca de la casa. Con cinco álbumes publicados, es de celebrar que el grupo siga explorando terrenos nuevos y ahondando en las posibilidades de su propio estilo, confeccionando, a la manera de los grandes clásicos, canciones de estructuras y formas muy diversas dentro de un marco unitario.


     

 Heresiarch - Death Ordinance (Dark Descent) 

 La promesa neozelandesa del war metal se lanza por fin a sacar un debut, después de dos fantásticos EP. El grupo presenta su lograda mezcla de influencias del metal más carnívoro y bestial (Blasphemy) con riffs graves y oscuros (Incantation) y ritmos guerreros y machacones (Diocletian) en formato largo con un marcado carácter bélico y marcial, consiguiendo condensar una de las fórmulas más violentas y agresivas que puedan encontrarse en el underground contemporáneo. El punto fuerte es su destacada visión estructural, es decir, su habilidad a la hora de ordenar las canciones de forma lógica y coherente a lo largo del disco, que lo desmarca de la inmensa mayoría de grupos con los que comparte etiqueta, satisfechos recreándose en lo que en esencia es punk muy ruidoso, primitivo y simplón. No obstante, no es posible encontrar aquí verdaderos desarrollos o avances, ni se añade nada a lo construido en los EP anteriores, por lo que en cierta forma se echan en falta nuevos elementos o distintos enfoques que supongan un paso adelante en términos estilísticos y artísticos. Esto hace que el resultado no exceda las expectativas más razonables y previsibles, pero de ningún modo lo convierte en un álbum decepcionante, ya que este funciona a la perfección como eficaz emulación sonora de la guerra y potentísimo artefacto de metal extremo.


     

 Purtenance - Paradox of Existence EP (Xtreem Music) 

 Este disco breve y compacto constituye todo lo que cualquier álbum debería ser: un compendio de canciones individualizadas y con personalidad que ponen en juego un estilo distintivo y cohesionado a pesar de la diversidad. Esto se consigue trabajando un death metal típicamente finlandés, que remite a Demigod en la agilidad de las transiciones y la influencia latente de Bolt Thrower, con el suficiente desarrollo propio como para no apestar a calco directo. El grupo tiene aún más mérito si consideramos que sus discos anteriores, tanto los del pasado remoto como los más actuales, nunca han sido algo demasiado especial, pero parece que esta vez, conscientemente o no, han dado con las teclas adecuadas en el proceso siempre complejo de elaboración y estructuración musical. Casualidad o no, este EP resiste escuchas reiteradas y ofrece una fantástica experiencia de metal oscuro y contundente.


     

 Ritualization - Sacraments to the Sons of the Abyss (Iron Bonehead) 

 Aquí llega el debut de un discreto grupo del centro de Francia que practica un death/black metal en el sentido estricto, es decir, siguiendo la fusión de las estructuras del death con la atmósfera e intensidad del black metal cuyas bases plantaron, entre otros, los estadounidenses Angelcorpse hace dos décadas. En los últimos años han sido legión las formaciones que han reivindicado esta etiqueta con más o menos pertinencia, pero pocas han alcanzado el grado de variedad interna y cohesión que presenta este disco. Las canciones son claramente distintas unas de otras, fluyen con naturalidad y denotan un dominio sobrado de los tiempos y los recursos. Se oyen ecos de muchos grupos, pero bien triturados en la licuadora para que suelten su sabor sin dejar trazas de pulpa, y hasta hay margen y audacia para aventurarse con un tema lento de estructura progresiva muy inusual para cerrar el álbum. Lo cierto es que no hay aquí nada realmente nuevo ni sorprendente, pero sí una recombinación muy lograda y efectiva, un excelente trabajo de artesanía que suple las modestas ambiciones artísticas. Probablemente esto sea lo mejor que ha ofrecido en 2017 una escena black metal marchita, dividida entre el ensimismamiento y el coqueteo con géneros inferiores guiada por una mentalidad claramente comercial.


     

 Unaussprechlichen Kulten - Keziah Lilith Medea (Iron Bonehead) 

 Los chilenos de nombre impronunciable logran con su cuarto larga duración condensar su estilo heterodoxo y característico, mezcla de death antiguo con influencias thrash e inspiración black metal, muy en la onda sudamericana de ráfagas constantes a lo Pentagram y Mortem, en un álbum centrado y firme que sacrifica la experimentación para depurar al máximo la fórmula de sus trabajos anteriores. Dedicado a la figura histórica de las brujas, su sonido denso, pesado y estridente ilustra a la perfección las imágenes evocadas en sus temas, convirtiendo las canciones antaño breves y dispares en conjuntos más homogéneos y compactos. Lo que se pierde en imaginación se gana en solvencia formal y seguridad en la ejecución, que suponen la consagración de su desarrollo estilístico y terminan de redondear un disco tan sugerente como personal.



Mención especial



     

 Gigatron - The Aluminium Paper Album (Autoeditado) 

 Gigatron es viejo compañero de esta página, no en vano tiene dedicado uno de los primeros artículos que aparecieron en ella. Aunque no proceda su inclusión dentro de las filas de lo más florido del metal “serio”, no me resisto a comentar este disco entre los mejores del año. Conceptualmente es muy similar al anterior, respetando casi al milímetro un paradigma variado con el que el grupo parece sentirse cómodo. Musicalmente sigue siendo el heavy/power de siempre, aderezado aquí en fusiones delirantes con mambo, boogie o rumba. Estos titanes de la caña combaten el estancamiento de la única manera que conciben los heavies, de Motörhead a Manowar: ser cada vez más rápidos, más duros, más jebis. Pero lo mejor de Gigatron es que, a pesar de ser un grupo de broma (con mucha gracia, eso sí), son una de las formaciones que mejor han entendido el espíritu del metal, y sus canciones son más una celebración consciente y festiva del mismo que una mera parodia (muy lograda, por otro lado). Por eso este álbum, pese a ser muy similar a Atopeosis 666, es maravilloso e imprescindible por sí mismo.



Discos no tan destacados


 Antichrist - Sinful Birth (I Hate) 

 Este álbum ha sido aclamado por algunos como el mejor disco de 2017, y no sin fundamento. A diferencia del tipo de producto emasculado que otros años ha copado esta posición, su contundencia es patente y la habilidad de sus músicos está más allá de toda duda, conformando una experiencia sónica poderosa y vigorizante. El problema es que este thrash metal vibrante y bien ejecutado es algo que podría haber aparecido perfectamente en los ochenta, de la mano de Slaughter Lord por ejemplo, si hubieran podido ensayar un poco más y grabar un debut. Su mezcla depurada de influencias ochenteras agresivas, de Artillery a Possessed, pero sobre todo Slayer, casi consigue hacernos olvidar que esto es música del pasado, y no está reconfigurada para expresar algo nuevo y distinto, como en el Experiment of Existence de Ripper, sino que calca algo que todos hemos oído anteriormente, haciendo una copia perfecta y disfrutable, pero copia al fin y al cabo, imitando hasta la producción compacta y cálida de antaño. La intensidad constante y casi sin matices tampoco ayuda a crear la más mínima impresión de variedad ni experimentación. Animo a los lectores a darle más de una escucha, aunque es probable que acaben concluyendo, como un servidor, que el metal puede y debe ir más allá.


 Elfsgedroch - Op de beenderen van onze voorvaderen (Diaphora Produktion) 

 En la estela de compatriotas suyos con excelentes discos recientes (Cirith Gorgor, Tarnkappe), este grupo de nombre tan impronunciable como folclórico practica un black metal de corte noventero, melódico y luminoso, pero no brillante como en los otros casos mencionados. El álbum incluye un par de temas buenos (Gieselbaarg y Zwarte botten, vervlochten en smeulend), pero el resto son planos y simplones, como si estuvieran a medio hacer, y por lo general se apoyan en algún discreto deje melódico, un recurso pobre y facilón, en lugar de emplear riffs de contrapunto o giros en la estructura que añadieran más profundidad y contenido. Aquí había material para un buen EP si todo estuviera pulido y condensado, pero lamentablemente como larga duración esto se queda muy corto.


 Entrench - Through the Walls of Flesh (I Hate) 

 He aquí un fantástico disco de thrash metal moderno que sin embargo no está a la altura de su predecesor. Parece como si desde el estilo salvaje y depurado de aquel Violent Procreation el grupo hubiera dado un paso atrás para volver a una fórmula de thrash más convencional, similar a los Kreator del Terrible Certainty, en la que los retazos de death y black metal bien encajados que daban enjundia y personalidad al grupo ya no bastan para ahuyentar el estigma de lo retro y trillado en exceso. Esperemos que esto, en lugar de la antesala del declive, sea el leve retroceso que precede a un salto aún mayor.


 Fin - Arrows of a Dying Age (Folter) 

 No todos los discos son blancos o negros, algunos, como este, son radicalmente grises. Con unos riffs fabulosos, un innegable sentido de la coherencia estilística y una intensidad inagotable, este grupo estadounidense lo tiene todo a su favor, y la primera impresión es fabulosa, hasta que el disco avanza y nos percatamos de que los temas se basan en pura alternancia y repetición simples y no van a ninguna parte. Da casi rabia, porque el batería es espectacular, y muchos giros melódicos recuerdan a las fantásticas composiciones de Sacramentum, pero aquí no hay auténticas composiciones, sino mera reiteración de elementos que son buenos individualmente pero sin un poco de organización y orden no sirven para gran cosa. Recomiendo oírlo una y hasta dos veces, pero una tercera ya no aporta nada más.


 Goatmoon - Stella Polaris (Werewolf) 

 Que BlackGoat es un buen compositor es algo que resultaba evidente en anteriores trabajos y sale asimismo a relucir en este nuevo título. El finlandés mezcla con soltura y agilidad elementos de origen muy dispar en un todo fluido y luminoso que agrada por su ligereza y sorprende por su frescura. Sin embargo, precisamente esta mezcolanza de estilos constituye al mismo tiempo su talón de Aquiles, ya que las canciones e incluso los distintos pasajes dentro de cada una de ellas son excesivamente divergentes entre sí como para garantizar una mínima coherencia, lo que inevitablemente acaba pasando factura cuando se escucha el disco del tirón. Si el autor se centrara en explotar su habilidad para construir un black metal melódico y agresivo a un tiempo y desarrollara una auténtica fórmula sistemática, en lugar de recrearse con tanto popurrí de folk metal, RAC y baladas hard rock, el resultado sería muy superior.


 Gorephilia - Severed Monolith (Dark Descent) 

 El death metal finlandés suele ser garantía de calidad, sobre todo comparado con los maltrechos restos de las escenas clásicas de Suecia o Estados Unidos. En este caso tenemos a un grupo joven y con talento que trata de encontrar un término medio entre los cambios rápidos y agresivos de Morbid Angel y el estilo pesado y sofocante de Incantation, pasado por el tamiz más reciente de Dead Congregation. El híbrido funciona y es grato al oído, aunque sus distintos componentes remiten de forma demasiado directa a sus orígenes como para conformar una entidad diferenciada. Es preciso desbastar la fórmula un poco más hasta encontrar rasgos propios que, sin necesidad de pretender dar un vuelco al panorama del metal tal y como lo conocemos, hagan de su música algo que hable con una voz única, como sí consiguieron sus compatriotas Corpsessed. Hasta entonces, será un grupo interesante, pero no fundamental.


 Havukruunu - Kelle surut soi (Naturmacht) 

 He aquí otro título que, al igual que el de Fin comentado un poco más arriba, deslumbra por completo en la primera aproximación por lo ambicioso de su propuesta, pero que en sucesivas escuchas no consigue disimular pequeñas grietas que crecen paulatinamente hasta que el edificio se acaba derrumbando. Tenemos aquí un black metal de inspiración folk épico y rimbombante, que emplea frases largas de riffs poderosos y solemnes para anclar canciones de intensa emotividad. Esto podría funcionar a la perfección, si no fuera porque estos elementos centrales se compensan en cada caso con una maraña de ingredientes de relleno que ponen el freno y retornan a lo convencional, entre los que destacan unos coros recurrentes torpemente ejecutados y numerosos tics architrillados propios de un heavy metal trivial. Lo que podría haber sido una aproximación más potente a un estilo heterodoxo como el esbozado por Wyrd se convierte, a causa de la patente obsesión por Moonsorrow, en otro intento más de originalidad lastrado por el esquema encorsetado y repetitivo de la música folk. Como ocurre con Arrows of a Dying Age, uno siente frustración al ver cómo un inmenso potencial se queda a mitad de camino por culpa de una fidelidad excesiva a sus referentes, en lugar de liberarse para emprender su propio vuelo. ¡Lástima!


 Phrenelith - Desolate Endscape (Dark Descent) 

 La ola de Incantclones no parece haber menguado del todo, a pesar de que este sonido haya dejado de “estar de moda”, una expresión un tanto extraña en el ámbito del metal extremo pero no por ello menos vigente. Estos jóvenes daneses presentan un debut sólido y coherente, más sugerente y centrado que el de otros enfoques recientes (Krypts, Grave Miasma) dentro del terreno del death metal cavernoso, pero sin la personalidad de sus mejores competidores (Cruciamentum). Se trata de un buen punto de partida, que bien merece un par de escuchas, pero que debería evolucionar en un futuro próximo para alejarse de su más que evidente filiación y convertirse en algo único y distintivo, so pena de no quitarse jamás de encima el sambenito de imitador.


 Sarcasm - Within the Sphere of Ethereal Minds (Dark Descent) 

 En Sarcasm tenemos uno de esos ejemplos paradigmáticos de grupos efímeros protonoventeros que regresan, veinte años después, para cobrar su justa venganza y sacar uno o varios discos que encuentren a ese público que les dio la espalda a mediados de los noventa. Su música es death metal sueco en estado puro, en una vertiente melódica bastante suave que suena a un cruce entre Dissection y Eucharist, y a pesar de no ser excesivamente original sí haga gala de un estilo coherente y dinámico, lleno de riffs pegadizos y giros hábiles que ofrecen una escucha gratificante y entretenida, eso sí, dentro de un formato a fin de cuentas bastante convencional. Un disco como éste sería sobresaliente si hubiera salido en 1993, pero para 2017 resulta algo excesivamente trillado y archiconocido como para dejar una impresión duradera. Es interesante escucharlo, pero le falta ese toque único que hace que un álbum pueda figurar entre los mejores de un año.



Los suspensos



 Aosoth - V: The Inside Scriptures (Agonia) 

 Este grupo parisino se ha labrado cierta fama gracias a un estilo personal que reposa más en una estética y un sonido particulares que en una verdadera fórmula característica. En este su último disco, tras la ruptura recientemente anunciada, encontramos algo similar a lo que podía oírse en su tercer álbum, quizá el más destacable: una serie de temas densos y repetitivos en los que el juego de texturas se antepone al movimiento. Dos o tres riffs cromáticos se reiteran numerosas veces creando una impresión de falsa profundidad, que tiene más de insistencia que de atmósfera, aunque más que de riffs cabría hablar de grupos de notas repetidos de manera hipnotizante y lánguida. Ni siquiera la voz de MkM, una baza indiscutible en otros tiempos, consigue estar a la altura, habiendo perdido buena parte de sus matices y registros tras muchos años de mala vida. La disonancia inmersiva por la que esta formación lleva apostando desde hace tiempo no sugiere por sí sola, resulta vacía si no le acompaña una estructura que transcienda la linealidad, y tan sólo un pequeño detalle, la autenticidad implícita, separa esta música del post-metal vulgar en su minimalismo acomodado y simplón. La fantástica portada neorrenacentista es un buen reflejo de lo que encontramos aquí: una fachada de un pasado esplendoroso que ha quedado ya muy atrás.


 Ascended Dead - Abhorrent Manifestation (Dark Descent) 

 La nueva promesa del death metal americano saca disco debut, y justo es darle una escucha para calibrar su valía. Lo cierto es que su habilidad musical está fuera de toda duda, pero aquí se emplea en emular a los antiguos Gorguts como si tocaran dentro de una hormigonera. Es justo admitir que el grupo ha encontrado cierta estética (es decir, sonido) propia y personal, pero esta se expresa con una intensidad monótona y reiterativa. No hay construcción en estas canciones, sólo caña lineal y repetitiva, lo que hace que al terminar el álbum uno se quede exactamente igual que cuando empezó, con la vaga noción de que el grupo suena bien, pero sin saber concretamente por qué. No se explica que artistas de este nivel se contenten con una fórmula equivalente al war metal más pedestre cuando su EP anterior era más dinámico e inventivo. Esperemos que después de esta primera incursión en el formato largo, la siguiente tenga más alma y contenido.


 Death Yell - Descent into Hell (Hells Headbangers) 

   -PREMIO DEL AÑO AL TEDIO-  

 Que un grupo antediluviano regrese siempre es motivo de alegría, aunque ello no implica forzosamente que su nueva música vaya a merecer la pena. Tras volver a juntarse y dar algunos conciertos, estos chilenos han sacado un primer larga duración más bien decepcionante, en el que el thrash/death tardo-ochentero de sus inicios, cañero pero típico y muy predecible, no consigue funcionar porque carece de dirección, a diferencia de los grupos clásicos sudamericanos, con Sepultura a la cabeza. La composición es pobre y no está a la altura, y hay que esperar media hora para oír el primer riff decente. Lo cierto es que esta formación no era especialmente interesante ni siquiera en sus primeros años, pese a haber llegado a sacar un compartido con Beherit, y lamentablemente eso no ha cambiado con el tiempo.


 Degial - Predator Reign (Sepulchral Voice) 

 Este grupo es un buen ejemplo de la clase de intruso más difícil de detectar, el que aparece desde dentro del propio underground. Suena a death metal machacón y cañero, y satisface a la primera escucha, pero uno pronto se da cuenta de que en realidad no es más que speed metal básico disfrazado de algo más evolucionado. Pese a impresionar por su sonido y contundencia, su música es simple y totalmente lineal, exactamente lo mismo que ocurría con Repugnant o con los Watain más recientes, grupos con los que Degial comparte procedencia y hasta plantilla. El disco no es malo en sí, porque es competente y efectivo, pero basta compararlo con el de Azarath o Purtenance para percatarse de la diferencia entre construir canciones death metal y aporrear de forma repetitiva y simplona. Predator Reign está más cerca de los discos actuales y redundantes de las leyendas del death metal (como el último de Suffocation) que de los verdaderos clásicos del género.


 Dying Fetus - Wrong One to Fuck With (Relapse) 

   -PREMIO DEL AÑO A LA SIMPLEZA-  

 El brutal death nunca ha sido santo de la devoción de este cronista, que siempre ha observado en este subestilo una tendencia general a primar las virguerías de guitarra en cada canción en detrimento de la imprescindible estructuración. Aunque por fortuna algunas formaciones escapan a ese paradigma (Deeds of Flesh, Insision), Dying Fetus no es precisamente una de ellas. Pese a la larga trayectoria que tienen a sus espaldas, estos estadounidenses ofrecen más groove metal que otra cosa, deleitándose en ritmos básicos sin énfasis en los cambios o la armonía, con un estilo repetitivo que pronto se vuelve tedioso. Su habilidad técnica es indudable, pero por desgracia no se emplea en composiciones elaboradas, sino que se dilapida tocando con rapidez y rimbombancia temas tan simples como las propias letras seudorrebeldes, de tipo duro de barrio a lo Pantera, que parecen escritas para un público adolescente. Al igual que el rock o el punk mainstream, esto es música pueril y egocéntrica que le dice al oyente lo mucho que vale aunque sea un inútil en vez de abrir frente a él un mundo de posibilidades al que acceder a través del valor y la perseverancia, como hace el metal de verdad, o debería hacer.


 Enslaved - E (Nuclear Blast) 

   -PREMIO DEL AÑO A LA DEGENERACIÓN-  

 Enslaved es la formación clásica noruega que peor ha envejecido de todas, lo cual no es cosa menor teniendo en cuenta que entre los rivales figuran Mayhem e Immortal, y por si fuera poco, también es la más prolífica. Este es su nuevo engendro de “viking progressive black metal” o, lo que es lo mismo, un mejunje de post-rock con un toque folk muy superficial y el enfoque seudoprogresivo de los primeros Opeth, que se manifiesta en canciones confusas, interminables y repetitivas. La fórmula es bastante parecida a lo que ya podía oírse en Below the Lights (2003), pero mucho más aguada, lo que permite calibrar con precisión la magnitud de su declive. Si el grupo se pasara directamente al rock, como hizo Alcest, tendría algún tipo de disculpa, pero seguir vendiendo esto como si fuera metal no tiene perdón. Esta bazofia no gustará a los fans del metal de verdad, a los del auténtico folk (Wardruna) ni a los del progresivo que, a diferencia de lo que aquí se muestra, consistía en construir canciones con estructuras y elementos inusuales, no en hacer música aburrida. Enslaved no solamente desconocen esa sutil diferencia, sino que además no tienen vergüenza a la hora de disfrazar con las influencias mencionadas lo que esencialmente es pop metal lineal y blandurrio, que se fabrica en menos tiempo de lo necesario para encontrar un buen título para el álbum, por lo que parece.


 Immolation - Atonement (Nuclear Blast) 

 Vivir de la música puede ser el sueño de muchos músicos, pero también su condena, al menos en lo relativo a sus ambiciones artísticas, si acaso estas no se quedan por el camino. Acomodados en una fórmula simplificada entre pop y speed metal con retazos de su estilo característico, los pioneros de Yonkers ahondan con este nuevo título en la decadencia iniciada tras Shadows in the Light. Tras el fracaso de los coqueteos con el metalcore tanteados en Harnessing Ruin, el grupo se ha ido decantando posteriormente por el heavy metal comercial que da de comer a tantos viejos astros del metal extremo. Con este son ya tres los álbumes con temas súper breves sentenciados con un par de elementos, que tal vez funcionen en directo, ya que en ese terreno el grupo no tiene rival, pero escuchados con calma funcionan como canciones de rock: estrofa y estribillo repetidos tres veces y listo. Musicalmente se deja oír, pero está muy por debajo de las capacidades de estos músicos fuera de serie, demostradas en sus primeras obras singulares e inconformistas. Claro que con esos discos no se llegaba a fin de mes...


 Incantation - Profane Nexus (Relapse) 

 Pese a haber sacado material decente hasta hace no mucho tiempo, los últimos años de Incantation han supuesto un serio declive para el grupo, tanto en lo relativo a su disco anterior (Dirges of Elysium) como a los recientes recopilatorios más o menos innecesarios para cualquier fan que disponga ya de su discografía básica. Este último álbum confirma esta evolución negativa, no porque se rinda a lo convencional y fácil como otros, sino porque en él estas leyendas del death metal muestran su lado más apagado y falto de ideas. En estas canciones no hay energía pero tampoco atmósfera, es una versión floja y descafeinada de sí mismos, la que podría pergeñar alguno de sus imitadores menos inspirados. ¿Realmente hacía falta sacar algo así? En términos financieros, probablemente sí; en términos artísticos la respuesta está clara.


 Inferno - Gnosis Kardias (World Terror Committee) 

 ¿Qué cabría esperar de un grupo que cambió radicalmente su temática pagana eslava por un satanismo esotérico cuando esa corriente se puso de moda en la escena global? En la actualidad, un disco de black metal moderno genérico atiborrado de post-rock, por supuesto. Muestra perfecta de la clase de bazofia seudoespiritual que suele prodigar el sello alemán que lo cobija, Gnosis Kardias hace gala de un rollo ocultista barato con el que envolver su música vacía y aburrida, que suena a un cruce de Alcest con Shining, pero sin el pequeño punto de originalidad que, pese a todo lo negativo, caracteriza a ambos grupos. El aura mística y hermética en la que está imbuido el álbum es tan forzada que la impostura se huele desde muy lejos, contribuyendo a una impresión inequívoca de superficialidad y falta de ideas. Fiel reflejo del black metal de nuestro tiempo, esto es absolutamente decadente, pero no como Oscar Wilde en 1890, sino como el Imperio Romano en 475.


 Kreator - Gods of Violence (Nuclear Blast) 

   -PREMIO DEL AÑO A LA COMERCIALIDAD-  

 No cabía esperar mucho de un grupo que lleva más de veinte años cayendo en picado artísticamente, pero para criticar con fundamento es preciso conocer, y por eso nos hemos atrevido a escuchar esta nueva pieza de speed metal resobado, tipiquísimo y sobreproducido que probablemente sea lo peor que ha dado el año, correspondiendo plenamente a la etiqueta “pop metal” si las cosas se llamaran como son y no como se las quiere vender. Los antaño poderosos pioneros del death/thrash germano se han convertido poquito a poco en heavy metal melódico y facilón, a cuyo lado hasta Helloween parecería Sodom. Este es un ejemplo perfecto de lo que en inglés se conoce como “ear candy”, que en castellano vendría a ser música fácil y atractiva pero sin profundidad ni trascendencia, algo así como los Vengaboys pero en metal. Por si esto fuera poco, al despropósito musical se le une la habitual temática de rebeldía antifascista barata a lo Rage Against the Machine que da tanta grima como estupor. Musicalmente esto es yermo, pero en términos artísticos es excremental.


 Krolok - Flying Above Ancient Ruins (Hexencave) 

 No sorprenderá a nadie leer que la intención de este grupo era crear black metal con un enfoque arcaizante y nostálgico, si ya ha visto la portada absolutamente retro que recuerda a las películas de miedo más cutres de los años setenta. El estilo adoptado no está muy lejos del de los primeros Behemoth, lo cual no sería tan malo si no se materializara en canciones sugerentes pero bastante vacías, cuya ausencia anémica de contenido se justifica en una vocación “atmosférica”. Un servidor, que echa mano al revólver en cuanto oye ese adjetivo, no puede perdonar que ese término se emplee como excusa para disfrazar un ejercicio de estética y sonido (más o menos interesante y logrado como tal) como composición madurada y completa cuando no lo es. El hecho de que algo a medio formar y con graves carencias haya recibido una multitud de halagos apasionados nos indica que los nostálgicos de los noventa sin un miligramo de espíritu crítico no han menguado en número con los años, sino más bien al contrario.


 Malokarpatan - Nordkarpatenland (Invictus) 

 Uno de los títulos más peculiares del año, Nordkarpatenland se publicita como un álbum de thrash/black metal centrado en el universo de los cuentos populares eslovacos. En realidad, el componente black es casi inexistente, limitándose a los tres minutos de la penúltima canción, el resto es thrash ochentero a lo Destruction mezclado con heavy y rock de la misma época, conformando un popurrí de estilos vintage que suena a una copia eslava de Mercyful Fate. La voz está calcada de la de Master’s Hammer, y es probablemente la razón por la cual el grupo se adscribe al género del black metal, debido a la muy extendida confusión taxonómica entre lo secundario (elementos como la voz) y lo sistemático (composición y forma). Las primeras escuchas pueden dar una impresión de novedad y frescura, pero los estilos son todos viejos y se adoptan tal cual, sin reelaboración ni destilado, a diferencia del debut de Cóndor, por poner un ejemplo. En definitiva, estamos ante algo muy retro, con couleur locale, pero retro al fin y al cabo, que constituye más una curiosidad que un disco realmente bueno.


 Memoriam - For the Fallen (Nuclear Blast) 

   -PREMIO DEL AÑO AL OPORTUNISMO-  

 Este nuevo grupo reúne a viejas glorias que formaron parte de Bolt Thrower y Benediction para volver a ponerse bajo los focos con un flamante debut. Por desgracia, se trata de una formación claramente constituida para vivir de las rentas, como prueba su inclusión en todos los festivales del pasado verano, y presenta un triste remedo del death/grind característico de Bolt Thrower, que los músicos que pasaron por Benediction (un grupo que, por otra parte, nunca ha sido especialmente bueno) han querido convertir en un metal rítmico y simplón que tiene más que ver con Pantera que con el legado de las leyendas de Coventry. Incluso la voz de Karl Willetts, que prometía ser lo más decente de este empeño, no da la talla y suena vieja y fatigada como la de un cantante punk que ha vivido demasiadas juergas. Según avanza el disco, nos encontramos con que este engendro tiene más de hardcore barato que de death metal, con canciones aburridas que no van a ninguna parte y se contentan con repetir una y otra vez los mismos elementos sencillos y vacuos. Esto es un fracaso absoluto que duele al oírlo.


 Midnight - Sweet Death and Ecstasy (Hells Headbangers) 

 Los alemanes son los reyes indiscutibles de las imitaciones retro, haciendo gala de un fervor y una autenticidad que despiertan simpatía a pesar de su nula originalidad. El caso de los estadounidenses es distinto, porque los grupos retro de esa parte del globo trocan el fanatismo friki por un ansia manifiesta de fardar y alcanzar el éxito comercial, consiguiéndolo no pocas veces. De otra manera no se explica que esta amalgama regurgitada que plagia sin ningún tipo de procesado ni vergüenza a Discharge, Celtic Frost y Venom esté en boca de tantos. Para colmo el producto está aderezado con un regustillo hard rock ochentero, suponemos que para hacerlo totalmente irresistible para quien jamás haya escuchado ninguno de los clásicos que aquí se copian alegremente. ¿Necesitan más detalles antes de huir de esto como de la peste?


 Morbid Angel - Kingdoms Disdained (Silver Lining) 

   -PREMIO DEL AÑO A LA DESORIENTACIÓN-  

 Hubo un tiempo en que estos titanes floridanos hacían música intensa, inspirada, con reminiscencias clasicistas y un afán por crear algo con lo que los meros mortales no se habrían siquiera atrevido a soñar. Aquella época está ya muerta y olvidada, a juzgar por este pobre remedo de disco que vio la luz en fechas recientes. Ahora lo importante es justificar giras y pagar facturas, por lo que se ve: la eterna condena de los grupos profesionales. Su álbum anterior, que recibió críticas de lo más severo desde todos los frentes, tenía al menos una finalidad claramente comercial y aperturista, pero con este es difícil adivinar cuáles son las intenciones. Kingdoms Disdained trata de emular la intensidad constante y lineal de Covenant pero en una versión descafeinada, absolutamente gris, limitándose a un machaqueo perpetuo y sin sentido con un señor mugiendo por encima, algo similar a Meshuggah, pero sin la mínima noción del ritmo. Todas las canciones son prácticamente iguales, aunque más que de canciones cabría hablar de fragmentos o astillas, un compendio de temas a medio hacer que ningún grupo serio se atrevería a publicar. Esto es sin duda de lo más lamentable que ha dado 2017.


 Necroblood - Collapse of the Human Race (Amor Fati) 

 He aquí otra formación más que pretende coronar la cima del death/black más extremo con un sucedáneo de Archgoat, con mejor producción y atmósfera realzada, que impresiona a la primera escucha, desilusiona a la segunda y aburre a la tercera cuando el encantamiento se disipa y uno se encuentra con canciones planas de uno o dos riffs a lo Incantation sumergidos en una amalgama repetitiva de power chords de relleno que provocarían sopor hasta en el grupo de hardcore punk más anodino. Peut mieux faire, eso está claro como el anís.


 Nightbringer - Terra Damnata (Season of Mist Underground Activists) 

 Otro duro competidor en la batalla por el disco más irrelevante de 2017, Nightbringer practica un metal a caballo entre el black ortodoxo sueco y los Abigor más flojos e intrascendentes (es decir, los más recientes). Vagamente técnica, en realidad es música superficial y vacía que camufla su falta de sustancia como vocación “ambiental”, palabra que en la gran mayoría de los casos es sinónimo de aburrimiento. Es algo muy estadounidense descubrir el Mediterráneo cuando ya está más que explorado, y saber venderlo al público como algo novedoso, pero lo peor de esta copia y regurgitación de obras más antiguas es su barniz de profundidad, ese enfoque pretencioso que, desde la portada a lo William Blake hasta su querencia por lo esotérico, proclama a gritos algo así como “¡eh, que leemos libros y tenemos cultura!”. Cuando la temática se antepone a la música, los resultados siempre son endebles.


 Nokturnal Mortum - Істина/Istuna (Oriana) 

 La peculiar fórmula de los “nuevos” Nokturnal Mortum (los del nuevo milenio) se prodigó en dos discos bastante acertados, especialmente el último, en el que las influencias dispares (folk, metal y rock) mantenían un equilibrio precario pero muy fructífero en cuanto a exploración de nuevas vías creativas. He aquí el tercer álbum completo dentro de esa corriente, que no supone tanto el agotamiento de un estilo como la pérdida de referentes dentro del mismo, que ha conducido a una inclusión aún mayor de elementos pop y electrónicos que desbancan y socavan los aciertos del pasado. Lo que en Voice of Steel fue un flirteo mesurado con el pop/rock se convierte aquí en una versión eurovisiva de dicho disco. Tal vez sea que Varggoth ya tiene una edad y se emocionó mucho al ver que el último Festival de Eurovisión se celebraba en su tierra, pero Istuna suena más a Ruslana cantando con Lordi que al folk metal épico que hasta hace poco caracterizaba al grupo. La partida hace unos años de Saturious, teclista y multi-intrumentista de la formación clásica, responsable en gran parte del sonido tan especial del grupo, no ha debido ayudar mucho, sobre todo cuando su reciente reemplazo suena más a Linkin Park que a otra cosa. En todo caso, del esplendor majestuoso y progresivo de Voice of Steel no queda ni rastro en este nuevo formato diluido y facilón.


 Origin - Unparalleled Universe (Agonia) 

 Este disco resulta interesante por su forma de concentrar todos los vicios del brutal death a pesar de su ejecución exquisita. Desde los primeros instantes uno se ve sumergido en una completa saturación de elementos, especialmente a nivel de la percusión, pero también de las virguerías de guitarra habituales en el subgénero. Este rasgo contribuye a generar una complejidad aparente que camufla lo que en el fondo es simpleza estructural, porque las canciones se construyen más con ritmos repetidos que con contrapuntos y alternancias, como hace el death metal digno de ese nombre. La técnica parece obsesionar a estos intérpretes hasta el punto de olvidar por qué hacen lo que están haciendo, lo que termina por dar la impresión de que el sentido exclusivo de esta música es mostrar lo rápido y bien que saben tocar antes que lo que desean expresar con ella, si es que hay algo. El álbum en su conjunto es tan brioso y excesivo como totalmente prescindible.


 Possession - Exorkizein (Iron Bonehead/Invictus) 

 Ya criticamos en su momento, de forma bastante diplomática, los defectos del último EP de estos belgas, que no se amedrentaron por ello y aquí están de vuelta con un primer disco completo de black metal primitivo a lo Blasphemy/Archgoat pasado por el tamiz de estilos ochenteros más simples y directos, en especial el de los primeros Bathory. En lugar de actualizar o renovar la fórmula, el grupo se limita a calcar y combinar clichés que ya eran viejos cuando sus miembros entraban en la guardería, en canciones machaconas a las que les falta el impulso de los clásicos a los que pretenden emular. Esto no debería haber salido de aquel garaje de Valonia en el que un día se juntaron unos colegas para tocar la música de los ochenta que les gustaba y el resultado se les fue de las manos, para regocijo de esos fans del underground que son felices tragándose una y otra vez el mismo producto.


 Rebirth of Nefast - Tabernaculum (Norma Evangelium Diaboli) 

 Este disco pone de manifiesto, por si aún no estaba claro, que NoEvDia es un sello orientado desde sus comienzos a lo que esté de moda en el ámbito del black metal, que hace una década fue el black ortodoxo y a día de hoy parece ser el post-black metal. El debut de esta one-man band irlandesa radicada en Islandia somete al oyente a una horaza de canciones superlentas e interminables, que se recrean en languidez y repetición sin que haya atisbo de resolución o avance. Pese a la presentación sombría, cabe hablar de un post-rock o post-metal en el que la parte de black metal es meramente decorativa y anecdótica, como el saborizante artificial que da el toque especial a un yogur de oferta en el supermercado. Sin duda estamos ante el producto de un ingeniero de sonido antes que un músico, que ha puesto mucho más esmero en el envoltorio -la cuidadísima producción- que en el contenido. Aunque no lo parezca, a veces lo underground también puede ser comercial si su finalidad primordial es atraer clientes y vender copias.


 Spectral Voice - Eroded Corridors of Unbeing (Dark Descent) 

 Que un disco más o menos underground aparezca en un montón de listas comerciales entre los productos subvencionados de costumbre es algo sospechoso. ¿Se trata de publicidad encubierta como en todos los demás casos o de un disco especialmente accesible? Tal vez lo segundo, a juzgar por el tamaño relativamente modesto del sello que lo promueve. La música en sí es un death metal cavernoso más bien anodino, con cierta estética personal, eso sí, que se va fundiendo con páramos doom que suenan más a Evoken que otra cosa, pero sin un mero atisbo de las estructuras de proporciones colosales que caracterizan los sobresalientes primeros trabajos de dicho grupo. Los músicos que están detrás de esto parecen buenos, pero se empeñan en prodigarse en canciones absurdamente largas y yermas en un vano intento acomodado por crear atmósferas que se les escapa de los dedos, con riffs serpenteantes que no llevan a ninguna parte. Spectral Voice es la versión aburrida de Blood Incantation, con quien comparte casi todos sus miembros, y parece haber comprendido con rapidez que no merece la pena esforzarse cuando con un mero esbozo de técnica uno ya puede tener éxito. En esta tribuna no somos de la misma opinión.


 The Committee - Memorandum Occultus (Folter)

 Bajo este nombre inusual se esconde una formación que se define a sí misma como internacional, aunque por el tipo de música que practica todo indica que la nacionalidad polaca es mayoritaria en su seno. Con un estilo de black metal melódico y amable ubicado entre Saltus y Mgła, desgranan riffs atractivos que podrían funcionar bien si no se limitaran a repetirse innumerables veces en canciones larguísimas y llenas de hojarasca. Se nota que el grupo quiere gustar, a juzgar por su apuesta por melodías fuertes y sencillas reiteradas sin fin para destilar el tipo de metal más simple y accesible. A este vacío de contenido musical estructurado se suma un gusto desmedido por el aspecto visual, que prácticamente pone la música en segundo plano, en combinación con una temática conspiranoide y sarcástica excesivamente posmoderna para lo vintage del género escogido. Aquí hay habilidad musical, pero también pretenciosidad y convencionalismo, dos de los peores reproches que pueden hacerse a un grupo de metal. Pese a las diferencias superficiales, en el fondo esto no es muy distinto del candy metal comercial de Kreator.


 The Ruins of Beverast - Exuvia (Ván) 

 Nuevo disco de este proyecto en solitario que nos llega desde Alemania con el mismo rollo lento y larguísimo de siempre. El grupo tiene buenas ideas y estética muy personal, pero derrocha ambas en mamotretos sonoros engorrosos y poco eficaces. Esta vez los temas más largos parecen electrónica trance en su repetición interminable y hueca, lo cual debe de ser deliberado si atendemos a la temática chamánica que permea todo el álbum. Las canciones más breves suenan a una curiosa mezcla de postpunk gótico y la electrónica oscura del Electric Doom Synthesis de Beherit, lo que lo convierte probablemente en el más original de los discos comentados en este apartado, pero este cronista desearía que en algún momento su creador se canse de hacer el mismo disco una y otra vez para atreverse con un formato más compacto y efectivo, como el de la otra formación en la que está involucrado, Truppensturm.


 Venenum - Trance of Death (Sepulchral Voice) 

 Seis años después de un primer EP de death metal oscuro bastante interesante, estos bávaros lanzan un debut en el que cambian radicalmente de estilo, adoptando un enfoque black metal más bien anodino que sirve como fachada para lo que en esencia es un disco de heavy metal, como se va desvelando a medida que se suceden las canciones. Esto no tendría por qué ser algo forzosamente negativo, si consistiera en una adición o ampliación de los recursos expresivos, pero como suele ser el caso, consiste en una simplificación flagrante de las composiciones, manteniendo un fino barniz de agresividad sonora (voces y distorsión), que las vuelve aptas para todos los públicos. Los interludios heterogéneos y la mezcolanza de influencias abigarradas provenientes de todo el espectro metálico no deben confundirse con originalidad u apertura de mente, porque el problema aquí, al igual que con otros grupos que con el paso de los años se han subido al carro del mainstream como Watain o Behemoth, es que la música es un heavy metal estándar que encaja influencias de manera superficial como lo hace el pop para fabricar un producto inofensivo y vendible con el que llenar los grandes festivales. No se dejen engañar, el verdadero metal siempre intimida, no engatusa.


 Vulture - The Guillotine (High Roller) 

 Si Antichrist son un grupo competente pero retro, entonces Vulture son otro grupo muy hábil que apesta a naftalina en lo más profundo del arcón familiar. Solamente unos teutones criados al calor de la siderurgia del Ruhr serían capaces de pergeñar semejante tributo conservado en formol al speed metal característico de su tierra. Por nuestros oídos desfilan influencias de los primeros Helloween, Running Wild o Rage, asimiladas sin el mínimo procesado o reelaboración, a modo de imitación fidedigna con los recurrentes agudos de rigor incluidos, que en algunos grupos de los primeros tiempos quedaban bien en pequeñas dosis (Sarcófago), pero aplicados por sistema empiezan a cansar bastante pronto. La producción enturbiada nos retrotrae también a la edad de oro del heavy metal, y hasta las intros de las canciones suenan a banda sonora de película ochentera con abuso de sintetizadores, de tal manera que uno no sabe si está oyendo un disco de metal o la BSO de Los Goonies. Antichrist quizá tenga un pase, pero esto es pura idolatría de un pasado en el que los propios músicos ni siquiera habían nacido y, en términos artísticos, un páramo helado.


 White Death - White Death (Werewolf Records) 

 Las dos primeras canciones de este álbum hacen pensar en una propuesta similar a los primeros Watain, capaz de construir un todo ambicioso y grandilocuente jugando con las estructuras y posibilidades de un black metal melódico con imaginación. El resto de temas que viene a continuación arruina pronto esta ilusión, limitándose a copiar todos los rasgos de Goatmoon con mucho menos talento, esquivando sus aciertos y emulando sus errores, incluidas por supuesto las influencias folk y RAC sin digerir. Es posible que aquí haya algo de potencial remoto, que se ve lastrado por una obsesión por parecerse a sus influencias y resultar perfectamente convencional. Por si esto fuera poco, el disco acaba con un espantoso himno heavy-rock, que termina de dejar bien claro que aquí no se pretende aportar nada nuevo. El disco de Goatmoon, con sus puntos flacos, al menos no da vergüenza ajena.


 Whoredom Rife - Dommedagskvad (Terratur Possessions) 

 Casi siempre que leo entrevistas en las que los músicos se explayan de todas las maneras posibles acerca de lo única y especial que es su música acabo descubriendo que toda esa retórica tiene por objeto exclusivo compensar la absoluta mediocridad de la misma. Este nuevo producto, perfecto ejemplo de lo que suele ofrecer la escena de Trondheim, no es malo per se, de hecho su factura es bastante hábil, pero tiene el vicio de copiar sistemáticamente todas las virtudes de la vieja escuela noruega de black metal sin añadir absolutamente nada propio. El oyente experimentado reconoce inmediatamente a Enslaved y sobre todo a Mayhem, que parece seguir siendo el espejo en el que se miran todos los nuevos grupos noruegos, la mayoría con papel de calco en las manos. Los pasajes que suenan un poco distintos, algo más crudos, llevan la marca de Craft, que ya de por sí era un clon de Darkthrone, lo que nos da una idea del grado de redundancia del invento. Salvo el curioso nombre de la formación, que podríamos traducir por un gloriosamente castizo "puterío a tutiplén", todo lo que encierra este disco ya se ha escuchado antes, en álbumes mejores y más especiales. ¿Qué interés tiene esto a día de hoy cuando existen Sammath e Infamous?





Belisario 2018

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