free counters

Los mejores discos de metal de 2017



 Aquí están nuestros favoritos de 2017. Son solamente ocho, porque pese a lo que digan todos los medios grandes, este ha sido un año más flojo y la cosecha es a todas luces peor, y un servidor lo dice con conocimiento de causa, porque es el año en que más novedades ha escuchado hasta la fecha. La mitad son de death metal, que desde hace ya muchos años suele estar en mejor forma que el black, un terreno en el que las modas y el comercialismo suelen hacer más estragos de un tiempo a esta parte.

 Muchos de ellos no serán una sorpresa para quienes lean nuestras reseñas y sigan nuestros programas, pero nos parece interesante hacer un breve resumen global por escrito para quien desee consultarlo. Como en anteriores ocasiones, aquí no hacemos jerarquías ni damos puntuaciones, ya que eso carece de sentido más allá de los intereses comerciales y el ansia de protagonismo de quien confecciona el listado. Todo lo destacado bajo estas líneas merece la pena, y un comentario sincero y fundamentado es lo único realmente relevante que podemos y queremos ofrecer a los lectores.

 Además de los ocho discos elegidos (nueve incluyendo la mención especial), hemos añadido otros nueve que no están al mismo nivel, pero por una u otra razón merecen ser escuchados y tenidos en cuenta, aunque sea como ejemplo de lo que podría haber sido mejor y no lo fue. Esta lista es un humilde compendio de todo lo que hemos oído este año y nos ha parecido destacable, y esperamos que pueda seguir resultando de interés más allá de los tres días que sigan a su publicación, como suele ocurrir con este tipo de recopilaciones.


Discos destacados de 2017


     

 Azarath - In Extremis (Agonia) 

 Los más críticos señalarán sin duda que este disco no aporta nada nuevo, y razón no les faltará, porque en esencia se trata de la misma fórmula empleada por Vader en sus primeros tiempos. Lo interesante del asunto es que, más que copiar, aquí se lleva a Vader al extremo, tanto en términos de sonido y producción como de organización y estilo. Azarath es el grupo de Inferno, el batería de Behemoth, que en lugar de dejarse llevar por las veleidades del rock metalizado de masas se ciñe en este caso a un formato más canónico. La instrumentación es espectacular, en particular la percusión, pero el esfuerzo sería superfluo si no estuviera respaldado por una sólida composición, que garantiza para cada canción un ritmo y un aliento propios. Pese a sus manifiestas limitaciones artísticas, este es un álbum impresionante que transmite energía y poder a raudales.


     

 Blood - Inferno (Autoeditado) 

 Las expectativas eran muy altas después de que este grupo alemán de grind/death anunciara nuevo disco tras 14 años sin publicar material original. Como en las anteriores ocasiones, siempre muy escasas, en que una formación clásica ha conseguido marcarse un nuevo título excepcional, este álbum logra una fusión acertada de las antiguas fórmulas con un nuevo ímpetu y mejor producción, alternando versiones de temas viejos y otros nuevos en un todo coherente, centrado y pertinente a un tiempo. El salvaje grindcore con estructuración death metal e influencias del metal más oscuro con temática satánico-mitológica, que distinguió a los veteranos de Espira dentro de un terreno prácticamente acaparado por Napalm Death y su enfoque político-social, vuelve a brillar aquí con esplendor renovado, sin un miligramo de relleno. A diferencia de lo que otros han señalado, este cronista ve aquí una recapitulación sabia y ponderada de un estilo antiguo antes que una puerta a un futuro fructífero, pero lo que sí suscribe sin matices es que se trata de un disco fabuloso que pone en valor el legado del grupo con un aire moderno y depurado.


     

 Cromlech - Iron Guard EP (Autoeditado) 

 Este EP escueto pero robusto nos llega desde Toronto, de la mano de un joven grupo canadiense que ha sabido destilar en un formato reducido los aciertos de su primer y único larga duración, que presentaba puntos interesantes pero excesivamente diluidos. Con sólo dos canciones largas, rebosantes de contenido, consiguen agrupar una profundidad y riqueza de elementos pocas veces vistas, especialmente en un género tan trillado como es el heavy metal ochentero. A caballo entre Candlemass y Reverend Bizarre, su estilo heavy/doom conjuga fuerza y epicidad, enlazando las distintas secciones con naturalidad y dinamismo, y construyendo la tensión de la manera más compleja pero eficaz, es decir, mediante secuencias lógicas que llevan de forma lenta pero segura hasta una conclusión decisiva. Lo especial aquí es que la hondura épica se expresa a través de la música, no exclusivamente por medio de la temática escogida, como hacen tantos otros grupos mucho más anodinos y triviales dentro del mismo género. Cromlech saca nueva vida del cuerpo moribundo del metal más clásico, y esa es una hazaña que merece respeto y admiración.


     

 Desecresy - The Mortal Horizon (Xtreem Music) 

 Aquí está la nueva entrega de uno de los grupos más destacados dentro del death metal contemporáneo, los helsinguinos Desecresy, que se han abierto camino con su original fórmula melódico-ambiental basada en Bolt Thrower, con influencias finlandesas y suecas y una vocación atmosférica de misterio y desolación. En realidad ahora es preciso hablar en singular, porque tras la partida del anterior vocalista la formación ha pasado a ser un proyecto en solitario, razón por la cual este nuevo disco es bastante distinto a los anteriores, adoptando un sonido más áspero y sombrío con un enfoque más minimalista y frío si cabe, y expresando las mismas ideas con ayuda de recursos más reducidos. La percusión es más machacona y simple, la mezcla de las guitarras más oscura y las voces son meros gruñidos, pero lo fundamental es que las canciones son todavía más sucintas y compactas, más centradas en cierto modo, sin dejar de encerrar las melodías inquietantes y perturbadoras que desde el principio han sido la marca de la casa. Con cinco álbumes publicados, es de celebrar que el grupo siga explorando terrenos nuevos y ahondando en las posibilidades de su propio estilo, confeccionando, a la manera de los grandes clásicos, canciones de estructuras y formas muy diversas dentro de un marco unitario.


     

 Heresiarch - Death Ordinance (Dark Descent) 

 La promesa neozelandesa del war metal se lanza por fin a sacar un debut, después de dos fantásticos EP. El grupo presenta su lograda mezcla de influencias del metal más carnívoro y bestial (Blasphemy) con riffs graves y oscuros (Incantation) y ritmos guerreros y machacones (Diocletian) en formato largo con un marcado carácter bélico y marcial, consiguiendo condensar una de las fórmulas más violentas y agresivas que puedan encontrarse en el underground contemporáneo. El punto fuerte es su destacada visión estructural, es decir, su habilidad a la hora de ordenar las canciones de forma lógica y coherente a lo largo del disco, que lo desmarca de la inmensa mayoría de grupos con los que comparte etiqueta, satisfechos recreándose en lo que en esencia es punk muy ruidoso, primitivo y simplón. No obstante, no es posible encontrar aquí verdaderos desarrollos o avances, ni se añade nada a lo construido en los EP anteriores, por lo que en cierta forma se echan en falta nuevos elementos o distintos enfoques que supongan un paso adelante en términos estilísticos y artísticos. Esto hace que el resultado no exceda las expectativas más razonables y previsibles, pero de ningún modo lo convierte en un álbum decepcionante, ya que este funciona a la perfección como eficaz emulación sonora de la guerra y potentísimo artefacto de metal extremo.


     

 Purtenance - Paradox of Existence EP (Xtreem Music) 

 Este disco breve y compacto constituye todo lo que cualquier álbum debería ser: un compendio de canciones individualizadas y con personalidad que ponen en juego un estilo distintivo y cohesionado a pesar de la diversidad. Esto se consigue trabajando un death metal típicamente finlandés, que remite a Demigod en la agilidad de las transiciones y la influencia latente de Bolt Thrower, con el suficiente desarrollo propio como para no apestar a calco directo. El grupo tiene aún más mérito si consideramos que sus discos anteriores, tanto los del pasado remoto como los más actuales, nunca han sido algo demasiado especial, pero parece que esta vez, conscientemente o no, han dado con las teclas adecuadas en el proceso siempre complejo de elaboración y estructuración musical. Casualidad o no, este EP resiste escuchas reiteradas y ofrece una fantástica experiencia de metal oscuro y contundente.


     

 Ritualization - Sacraments to the Sons of the Abyss (Iron Bonehead) 

 Aquí llega el debut de un discreto grupo del centro de Francia que practica un death/black metal en el sentido estricto, es decir, siguiendo la fusión de las estructuras del death con la atmósfera e intensidad del black metal cuyas bases plantaron, entre otros, los estadounidenses Angelcorpse hace dos décadas. En los últimos años han sido legión las formaciones que han reivindicado esta etiqueta con más o menos pertinencia, pero pocas han alcanzado el grado de variedad interna y cohesión que presenta este disco. Las canciones son claramente distintas unas de otras, fluyen con naturalidad y denotan un dominio sobrado de los tiempos y los recursos. Se oyen ecos de muchos grupos, pero bien triturados en la licuadora para que suelten su sabor sin dejar trazas de pulpa, y hasta hay margen y audacia para aventurarse con un tema lento de estructura progresiva muy inusual para cerrar el álbum. Lo cierto es que no hay aquí nada realmente nuevo ni sorprendente, pero sí una recombinación muy lograda y efectiva, un excelente trabajo de artesanía que suple las modestas ambiciones artísticas. Probablemente esto sea lo mejor que ha ofrecido en 2017 una escena black metal marchita, dividida entre el ensimismamiento y el coqueteo con géneros inferiores guiada por una mentalidad claramente comercial.


     

 Unaussprechlichen Kulten - Keziah Lilith Medea (Iron Bonehead) 

 Los chilenos de nombre impronunciable logran con su cuarto larga duración condensar su estilo heterodoxo y característico, mezcla de death antiguo con influencias thrash e inspiración black metal, muy en la onda sudamericana de ráfagas constantes a lo Pentagram y Mortem, en un álbum centrado y firme que sacrifica la experimentación para depurar al máximo la fórmula de sus trabajos anteriores. Dedicado a la figura histórica de las brujas, su sonido denso, pesado y estridente ilustra a la perfección las imágenes evocadas en sus temas, convirtiendo las canciones antaño breves y dispares en conjuntos más homogéneos y compactos. Lo que se pierde en imaginación se gana en solvencia formal y seguridad en la ejecución, que suponen la consagración de su desarrollo estilístico y terminan de redondear un disco tan sugerente como personal.



Mención especial



     

 Gigatron - The Aluminium Paper Album (Autoeditado) 

 Gigatron es viejo compañero de esta página, no en vano tiene dedicado uno de los primeros artículos que aparecieron en ella. Aunque no proceda su inclusión dentro de las filas de lo más florido del metal “serio”, no me resisto a comentar este disco entre los mejores del año. Conceptualmente es muy similar al anterior, respetando casi al milímetro un paradigma variado con el que el grupo parece sentirse cómodo. Musicalmente sigue siendo el heavy/power de siempre, aderezado aquí en fusiones delirantes con mambo, boogie o rumba. Estos titanes de la caña combaten el estancamiento de la única manera que conciben los heavies, de Motörhead a Manowar: ser cada vez más rápidos, más duros, más jebis. Pero lo mejor de Gigatron es que, a pesar de ser un grupo de broma (con mucha gracia, eso sí), son una de las formaciones que mejor han entendido el espíritu del metal, y sus canciones son más una celebración consciente y festiva del mismo que una mera parodia (muy lograda, por otro lado). Por eso este álbum, pese a ser muy similar a Atopeosis 666, es maravilloso e imprescindible por sí mismo.



Discos no tan destacados


 Antichrist - Sinful Birth (I Hate) 

 Este álbum ha sido aclamado por algunos como el mejor disco de 2017, y no sin fundamento. A diferencia del tipo de producto emasculado que otros años ha copado esta posición, su contundencia es patente y la habilidad de sus músicos está más allá de toda duda, conformando una experiencia sónica poderosa y vigorizante. El problema es que este thrash metal vibrante y bien ejecutado es algo que podría haber aparecido perfectamente en los ochenta, de la mano de Slaughter Lord por ejemplo, si hubieran podido ensayar un poco más y grabar un debut. Su mezcla depurada de influencias ochenteras agresivas, de Artillery a Possessed, pero sobre todo Slayer, casi consigue hacernos olvidar que esto es música del pasado, y no está reconfigurada para expresar algo nuevo y distinto, como en el Experiment of Existence de Ripper, sino que calca algo que todos hemos oído anteriormente, haciendo una copia perfecta y disfrutable, pero copia al fin y al cabo, imitando hasta la producción compacta y cálida de antaño. La intensidad constante y casi sin matices tampoco ayuda a crear la más mínima impresión de variedad ni experimentación. Animo a los lectores a darle más de una escucha, aunque es probable que acaben concluyendo, como un servidor, que el metal puede y debe ir más allá.


 Elfsgedroch - Op de beenderen van onze voorvaderen (Diaphora Produktion) 

 En la estela de compatriotas suyos con excelentes discos recientes (Cirith Gorgor, Tarnkappe), este grupo de nombre tan impronunciable como folclórico practica un black metal de corte noventero, melódico y luminoso, pero no brillante como en los otros casos mencionados. El álbum incluye un par de temas buenos (Gieselbaarg y Zwarte botten, vervlochten en smeulend), pero el resto son planos y simplones, como si estuvieran a medio hacer, y por lo general se apoyan en algún discreto deje melódico, un recurso pobre y facilón, en lugar de emplear riffs de contrapunto o giros en la estructura que añadieran más profundidad y contenido. Aquí había material para un buen EP si todo estuviera pulido y condensado, pero lamentablemente como larga duración esto se queda muy corto.


 Entrench - Through the Walls of Flesh (I Hate) 

 He aquí un fantástico disco de thrash metal moderno que sin embargo no está a la altura de su predecesor. Parece como si desde el estilo salvaje y depurado de aquel Violent Procreation el grupo hubiera dado un paso atrás para volver a una fórmula de thrash más convencional, similar a los Kreator del Terrible Certainty, en la que los retazos de death y black metal bien encajados que daban enjundia y personalidad al grupo ya no bastan para ahuyentar el estigma de lo retro y trillado en exceso. Esperemos que esto, en lugar de la antesala del declive, sea el leve retroceso que precede a un salto aún mayor.


 Fin - Arrows of a Dying Age (Folter) 

 No todos los discos son blancos o negros, algunos, como este, son radicalmente grises. Con unos riffs fabulosos, un innegable sentido de la coherencia estilística y una intensidad inagotable, este grupo estadounidense lo tiene todo a su favor, y la primera impresión es fabulosa, hasta que el disco avanza y nos percatamos de que los temas se basan en pura alternancia y repetición simples y no van a ninguna parte. Da casi rabia, porque el batería es espectacular, y muchos giros melódicos recuerdan a las fantásticas composiciones de Sacramentum, pero aquí no hay auténticas composiciones, sino mera reiteración de elementos que son buenos individualmente pero sin un poco de organización y orden no sirven para gran cosa. Recomiendo oírlo una y hasta dos veces, pero una tercera ya no aporta nada más.


 Goatmoon - Stella Polaris (Werewolf) 

 Que BlackGoat es un buen compositor es algo que resultaba evidente en anteriores trabajos y sale asimismo a relucir en este nuevo título. El finlandés mezcla con soltura y agilidad elementos de origen muy dispar en un todo fluido y luminoso que agrada por su ligereza y sorprende por su frescura. Sin embargo, precisamente esta mezcolanza de estilos constituye al mismo tiempo su talón de Aquiles, ya que las canciones e incluso los distintos pasajes dentro de cada una de ellas son excesivamente divergentes entre sí como para garantizar una mínima coherencia, lo que inevitablemente acaba pasando factura cuando se escucha el disco del tirón. Si el autor se centrara en explotar su habilidad para construir un black metal melódico y agresivo a un tiempo y desarrollara una auténtica fórmula sistemática, en lugar de recrearse con tanto popurrí de folk metal, RAC y baladas hard rock, el resultado sería muy superior.


 Gorephilia - Severed Monolith (Dark Descent) 

 El death metal finlandés suele ser garantía de calidad, sobre todo comparado con los maltrechos restos de las escenas clásicas de Suecia o Estados Unidos. En este caso tenemos a un grupo joven y con talento que trata de encontrar un término medio entre los cambios rápidos y agresivos de Morbid Angel y el estilo pesado y sofocante de Incantation, pasado por el tamiz más reciente de Dead Congregation. El híbrido funciona y es grato al oído, aunque sus distintos componentes remiten de forma demasiado directa a sus orígenes como para conformar una entidad diferenciada. Es preciso desbastar la fórmula un poco más hasta encontrar rasgos propios que, sin necesidad de pretender dar un vuelco al panorama del metal tal y como lo conocemos, hagan de su música algo que hable con una voz única, como sí consiguieron sus compatriotas Corpsessed. Hasta entonces, será un grupo interesante, pero no fundamental.


 Havukruunu - Kelle surut soi (Naturmacht) 

 He aquí otro título que, al igual que el de Fin comentado un poco más arriba, deslumbra por completo en la primera aproximación por lo ambicioso de su propuesta, pero que en sucesivas escuchas no consigue disimular pequeñas grietas que crecen paulatinamente hasta que el edificio se acaba derrumbando. Tenemos aquí un black metal de inspiración folk épico y rimbombante, que emplea frases largas de riffs poderosos y solemnes para anclar canciones de intensa emotividad. Esto podría funcionar a la perfección, si no fuera porque estos elementos centrales se compensan en cada caso con una maraña de ingredientes de relleno que ponen el freno y retornan a lo convencional, entre los que destacan unos coros recurrentes torpemente ejecutados y numerosos tics architrillados propios de un heavy metal trivial. Lo que podría haber sido una aproximación más potente a un estilo heterodoxo como el esbozado por Wyrd se convierte, a causa de la patente obsesión por Moonsorrow, en otro intento más de originalidad lastrado por el esquema encorsetado y repetitivo de la música folk. Como ocurre con Arrows of a Dying Age, uno siente frustración al ver cómo un inmenso potencial se queda a mitad de camino por culpa de una fidelidad excesiva a sus referentes, en lugar de liberarse para emprender su propio vuelo. ¡Lástima!.


 Phrenelith - Desolate Endscape (Dark Descent) 

 La ola de Incantclones no parece haber menguado del todo, a pesar de que este sonido haya dejado de “estar de moda”, una expresión un tanto extraña en el ámbito del metal extremo pero no por ello menos vigente. Estos jóvenes daneses presentan un debut sólido y coherente, más sugerente y centrado que el de otros enfoques recientes (Krypts, Grave Miasma) dentro del terreno del death metal cavernoso, pero sin la personalidad de sus mejores competidores (Cruciamentum). Se trata de un buen punto de partida, que bien merece un par de escuchas, pero que debería evolucionar en un futuro próximo para alejarse de su más que evidente filiación y convertirse en algo único y distintivo, so pena de no quitarse jamás de encima el sambenito de imitador.


 Sarcasm - Within the Sphere of Ethereal Minds (Dark Descent) 

 En Sarcasm tenemos uno de esos ejemplos paradigmáticos de grupos efímeros protonoventeros que regresan, veinte años después, para cobrar su justa venganza y sacar uno o varios discos que encuentren a ese público que les dio la espalda a mediados de los noventa. Su música es death metal sueco en estado puro, en una vertiente melódica bastante suave que suena a un cruce entre Dissection y Eucharist, y a pesar de no ser excesivamente original sí haga gala de un estilo coherente y dinámico, lleno de riffs pegadizos y giros hábiles que ofrecen una escucha gratificante y entretenida, eso sí, dentro de un formato a fin de cuentas bastante convencional. Un disco como éste sería sobresaliente si hubiera salido en 1993, pero para 2017 resulta algo excesivamente trillado y archiconocido como para dejar una impresión duradera. Es interesante escucharlo, pero le falta ese toque único que hace que un álbum pueda figurar entre los mejores de un año.





Belisario 2018

© fotos de sus respectivos autores y/o dueños de los derechos

(material encontrado libremente en la red y reproducido sin ánimo de lucro)